Los malos hábitos que aprendes durante tu educación universitaria

Puede ser difícil para los recién graduados universitarios adaptarse al temible mundo real, esto no es un secreto. Y no nos referimos a ningún problema de seguridad personal en las calles, nos referimos a su vida profesional dentro de una organización empresarial.

Pongamos un ejemplo; Juan tiene 23 años y fue un alumno brillante, trabajador y motivado. Pero en su primer trabajo tenía malos hábitos que eran difíciles de eliminar.

Juan se centraba tanto en dar la solución correcta, que no se tomaba el tiempo en pensar en su implementación. Temía tanto el fracaso que escondía sus errores hasta que estos empeoraban y salían a la luz.

Estaba tan interesado en hacer bien su propio trabajo, que rara vez ayudaba al resto del equipo de forma proactiva. Juan de hecho trabajó para mí. Y veía el mundo en los términos de la jerarquía; yo era su “jefe”, y la opinión de los demás realmente no importaba.

Lo confieso, Juan no existe, sino que es una compilación de muchos jóvenes con los que he trabajado. Pero sus defectos son innegables y reales. Los rasgos anteriores son los que he visto una y otra vez en muchos recién graduados

Profesionales mal preparados para manejar el tipo de liderazgo de los que dependen las organizaciones

El liderazgo es una actividad, no una posición

Todo nuestro sistema educativo, desde la escuela primaria hasta la escuela de postgrado, está mal construido para enseñar liderazgo a los jóvenes. Las universidades hacen muchas cosas bien, pero a menudo cultivan hábitos que pueden ser perjudiciales para los futuros líderes.

Las escuelas son jerárquicas: el maestro es la autoridad en el aula. Los directores o decanos están por encima de maestros y profesores. Creemos que somos líderes si somos el “jefe”, y si no somos el jefe, simplemente deberíamos hacer lo que nos dicen.

En realidad, incluso las personas de mayor rango en las organizaciones no pueden confiar únicamente en la jerarquía, particularmente dados los talentos, experiencias e inteligencia tan necesarios de los demás que los rodean. El liderazgo es una actividad, no una posición.

Obsesionados por la respuesta correcta

Las universidades también nos enseñan a tratar la información como si fuera cierta e inmutable, cuando raramente hay una “respuesta correcta”. Los problemas del mundo real son complejos.

Comprender que rara vez hay una respuesta correcta puede hacer que una persona sea más adaptable, ágil y abierta a los pensamientos de sus compañeros. Pero esa comprensión rara vez se cultiva a través de libros de texto y pruebas de opción múltiple.

Temerosos de los errores

Dada esta dependencia de la respuesta “correcta”, también estamos arraigados a tener una idea errónea acerca de cometer errores.

Críticamente, estas fallas nos enseñan a reflexionar y a hacer preguntas, tanto a nosotros mismos como a los demás, para que podamos aprender y crecer. Y la falla misma indica que estamos asumiendo tareas desafiantes y estirando los límites de nuestras capacidades actuales.

Un liderazgo con propósito

Finalmente, aunque muchas escuelas nos dicen que debemos servir a otros, rara vez están estructuradas para mostrarnos activamente que el liderazgo está sirviendo a los demás.

En la mayoría de los entornos educativos, nuestro objetivo principal es servirnos a nosotros mismos de forma egoísta.

Las personas siguen a los líderes que los cuidan, que comparten su visión y que están dedicados a servir a una causa mayor que la propia. Bill George, académico y empresario lo expresó admirablemente en una frase: “No somos héroes de nuestro propio viaje”.

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